Era el primer Mundial con 48 selecciones, algo que hacía pensar que el torneo estaría repleto de goleadas, equipos de bajo nivel y partidos sin emoción. Sin embargo, ocurrió justo lo contrario. La ampliación permitió disfrutar de más grupos y de una ronda inédita de dieciseisavos de final, lo que aumentó la emoción y dio cabida a historias que, en otros campeonatos, jamás habrían tenido protagonismo.
Hemos visto relatos inolvidables: la espectacular afición congoleña conquistando Norteamérica; la sorprendente Cabo Verde, eliminada sin perder un solo partido en los noventa minutos pese a haberse enfrentado a los dos finalistas; la Noruega de Haaland regresando a un Mundial después de décadas de ausencia; una lucha por la Bota de Oro que alcanzó cifras récord; el extraordinario recibimiento que japoneses y surcoreanos brindaron en los países anfitriones; las constantes polémicas arbitrales que favorecieron a Argentina; a México rompiendo su techo histórico y firmando una actuación memorable en el mítico Estadio Azteca; la incomprensible suspensión de la sanción a Balogun, y que posteriormente terminó siendo irrelevante tras la goleada recibida de EE.UU. frente a Bélgica; y, especialmente, porque con toda probabilidad haya sido el último Mundial de una generación irrepetible de futbolistas como Luka Modrić, James Rodríguez, Mohamed Salah, Neymar, Kevin De Bruyne, Virgil van Dijk y, sobre todo, Cristiano Ronaldo y Lionel Messi.
Pero, por encima de todo, este Mundial será recordado por el extraordinario camino de España hacia el título. Para levantar la Copa hubo que derrotar, una tras otra, a las selecciones más poderosas del momento (quizá la única que nos quedaba era Inglaterra). Cada eliminatoria parecía un examen definitivo y, aun así, el equipo respondió con personalidad, talento y una fe inquebrantable. Nunca olvidaré a cada rival de rodillas en el césped, triste por su eliminación y, en contraposición a una banda sonora que terminó convirtiéndose en un símbolo para nuestra afición: Superestrella, de Aitana.
Por todo ello, considero que el Mundial de 2026 ha sido el mejor de la Historia. No solo por el nivel futbolístico o por la cantidad de emociones que nos dejó, sino porque consiguió que millones de aficionados vivieran una experiencia única, llena de historias inolvidables, sorpresas y momentos que permanecerán para siempre en la memoria del Fútbol.