la quinta del buitre (breve historia)
Publicado: Lun Ago 02, 2010 12:05 am
algo de recuerdo nostálgico de aquella época
LA QUINTA DEL BUITRE
Emerge la Quinta del Buitre.
Alfredo Di Stéfano comenzó su segundo y último año en el Real Madrid con negros augurios. Una derrota sangrante en la segunda jornada (Málaga, 6; R. Madrid, 2) crea tremendo malestar en la parroquia del Bernabéu. De Carlos mantiene al técnico contra viento y marea. Y el Real Madrid se reestablece en el campeonato, que pierde en la última jornada, empatado a puntos con el Athletic. Otro subcampeonato reñidísimo: durante 19 minutos del último partido, el Madrid era campeón.
El mayor mérito reconocido a Di Stéfano en su bienio de segundos puestos es el de haber promocionado a una generación de futbolistas con talento que procedía de la cantera: la Quinta del Buitre, según fue bautizada por el periodista Julio César Iglesias. A lo largo de la temporada 83-84 se van incorporando al primer equipo Pardeza, Butragueño, Sanchís y Martín Vázquez. Sólo Míchel aguarda en la recámara del Castilla, que aquel año, con la aportación de todos, se proclama campeón de Segunda División.
El madridismo pedía a gritos una renovación. Cuatro años sin título de Liga torturaban a la afición. Di Stéfano no renovó su contrato, pero dejó a la Quinta en el césped del Santiago Bernabéu.
Una generación extraordinaria.
La Quinta había logrado el título de Segunda División la temporada anterior y había creado una expectación inusitada con su paulatino salto al primer equipo. Emilio Butragueño, el más artista del grupo, encandilaba con cada una de sus acciones sobre el terreno de juego. Y, fuera del campo, congenió con las masas.
El histórico Santillana tuvo que ceder la titularidad ante el nuevo genio de Chamartín, que había debutado con modestia en el Real Madrid el 5 de febrero de 1984, a los 20 años, en un partido de Liga frente al Cádiz. Marcó dos goles fundamentales para la victoria y la recuperación del liderato por parte del Real Madrid. Hasta ese momento se le conocía por ser el máximo goleador de Segunda División, con el Castilla.
El estallido del fenómeno Butragueño es más admirable si se tiene en consideración que a los 18 no se había entrenado nunca, sólo era un jugador de colegio. Todavía más extraño e irrepetible resulta el refuerzo, en un solo año, de jóvenes jugadores de la cantera que en poco tiempo serán la envidia de todos los grandes clubes de Europa. El Madrid se renovó totalmente en la temporada 83-84. Causaron baja diez veteranos y se incorporaron definitivamente Butragueño, Sanchís, Martín Vázquez, Pardeza y Míchel -la Quinta-, más el portero Ochotorena y el argentino Jorge Valdano. El entrenador del Castilla campeón, Amancio, también tuvo su oportunidad de triunfar, pero fue destituido tras una derrota europea frente al Inter, cuando la Liga estaba perdida y la Copa de la UEFA era el gran objetivo para salvar la temporada.
"Cuando llegamos, había mucha desilusión en el Real Madrid y en la afición, ya que llevaban cuatro años sin ganar un título. Fue un fenómeno especial, ya que salimos muchos jugadores de la cantera al mismo tiempo y de la misma generación, lo que no ha sucedido nunca en la historia del fútbol", explicó Butragueño años después de aquellos primeros tiempos como futbolista del primer equipo del Real Madrid.
Las cinco Ligas consecutivas.
Tras la despedida de Amancio y con Molowny en el banquillo, se habla más de política institucional que de goles en los aledaños de Chamartín. En mayo de 1985, Ramón Mendoza Fontenla se proclama presidente del Real Madrid. El madridismo exigía cambios y títulos. En seguida, Mendoza saborea uno, que no le corresponde por gestión, pero que llega para celebrar su acceso a la presidencia.
La Copa de la UEFA, inédita en el historial del club, es conquistada brillantemente por el Madrid de Molowny y la Quinta. El título europeo llega tras la final a doble partido contra el Videoton húngaro, que se resuelve con un 0-3 en campo magiar y una victoria mínima de los visitantes en el Bernabéu. La alineación madridista en el último encuentro la formaron Miguel Angel; Chendo, Stielike, Sanchís, Camacho; San José, Míchel, Gallego; Butragueño, Santillana y Valdano.
Ramón Mendoza da un impulso extraordinario al equipo de la Quinta, con nuevos y rentables fichajes en su primera temporada completa como presidente. El Madrid recupera la soberanía en el fútbol español con un fútbol convincente.
El reinado en la Liga se extiende durante cinco campañas consecutivas en la que apenas hay rival inquietante para los blancos. El Real Madrid gana las Ligas 85-86 y 87-88 con once puntos de ventaja sobre el segundo; la 88-89, con cinco y la 89-90 con nueve y también con récord de goles: 107 en 38 partidos. Sólo la segunda de las cinco Ligas de una tacada la consiguió con algo de sufrimiento: cantó el alirón en la penúltima jornada y terminó con un punto de ventaja sobre el Barcelona.
En Europa, el Real Madrid revalida el título de la Copa de la UEFA 85-86 y en los años sucesivos el Madrid vuelve a la mejor competición continental: la Copa de Europa.
La Quinta de los Machos.
A la generación de ilustres jugadores de la cantera (sólo Pardeza prefiere marcharse cedido al Zaragoza debido a que Butragueño le cierra el paso en la delantera), Ramón Mendoza incorpora tres fichajes importantísimos antes de iniciarse la temporada 85-86: Hugo Sánchez, que había sido pichichi con el Atlético la temporada anterior, Rafael Gordillo y Antonio Maceda. Un delantero centro, un central y un lateral zurdo rapidísimo abrochaban con lujo al Real Madrid.
Era el equipo de ensueño. En las temporadas siguientes se les unió un portero de lujo, Francisco Buyo, que completó la Quinta de los Machos, llamada así por la oposición que suponía al talante aristócratico que habían ido adquiriendo los componentes de la Quinta del Buitre.
El mexicano Hugo Sánchez, con sus goles, se hizo un sitio entre los ilustres de la Liga española, en la que ha marcado un total de 234 goles -sólo superado por Zarra- y conseguido cinco trofeos Pichichi (uno con el Atlético y los demás con el Real). Su resolución en el área la alternaba con determinantes declaraciones y la autoafirmación de 'macho' que dio origen al bautizo de su Quinta. Sus remates eran espectaculares y desde todas las posiciones. Celebraba cada gol con una voltereta gimnástica que enardecía más a los seguidores blancos.
El Real Madrid, fantástico, conquistada la segunda copa de la UEFA consecutiva ante el Colonia en la final, fue decidido a la conquista de Europa. Su regreso a la Copa de Europa en la edición 86-87 tuvo noches memorables, aunque fue eliminado en semifinales por el Bayern Munich. En su camino anterior eliminó al Young Boys de Suiza, al Juventus (en los penalties, con un sensacional Buyo) y al Estrella Roja. Frente a los alemanes, en la ida en Munich, se produjo un incidente de Juanito, que pisó a Matthaus, fue expulsado y sancionado. Perdió el Madrid por 4-1 y la magia del Bernabéu no fue suficiente (2-0) para empujar al equipo hasta la final.
La desgracia del PSV.
Desde el presidente Mendoza hasta el último socio madridista, no hay nadie en el Real Madrid que no empiece a considerar imprescindible ganar la Copa de Europa, un trofeo ligado a la historia del club, pero que no se revalida desde hace veinte años.
El equipo parte en la temporada 87-88 con el objetivo, que casi empieza a parecer un trámite, de la Liga, y con la imperiosa necesidad de hacerse con la Copa de Europa. Llega al banquillo en el inicio de la temporada 86-87 Leo Beenhakker, mientras que la plantilla de jugadores sólo añade a Paco Llorente y Tendillo. La presión y la ansiedad por el título europeo empieza pronto a cavar la fosa del entrenador, que consigue tres títulos consecutivos con el Real Madrid.
Los datos, atemperados por el tiempo, demuestran que aquel Madrid realizó extraordinarias temporadas europeas. Sólo faltaron los títulos. Beenhakker se estrenó con una durísima primera eliminatoria ante el Nápoles campeonísimo de Maradona, al que batió por 2-0 en un Bernabéu vacío por sanción de la UEFA y empató a uno en la vuelta. No fue fácil tampoco eliminar al Oporto -vigente campeón de Europa- en la segunda ronda. El Real pudo jugar la ida con público, pero en Valencia. Ganó 2-1, un resultado muy peligroso. En el estadio portugués de Das Antas, sin embargo, en una gran noche de Paco Llorente, el Oporto cae eliminado: 2-0, ambos tantos de Míchel. El Madrid debe enfrentarse en cuartos de final al Bayern Munich -vigente subcampeón de Europa- y consigue una esperanzadora derrota (3-2) en el Olímpico. Valdano ya ha bautizado como "miedo escénico" el factor que fortifica a su equipo en el Bernabéu. En Madrid, el Bayern cae ampliamente derrotado 2-0.
El PSV Eindhoven, liderado por Koeman, es el enemigo en semifinales. A priori parece un rival más asequible que cualquiera de los tres anteriores. El Madrid lleva un año fantástico y confía en alcanzar la final, pero el primer partido, en el Bernabéu, acaba con un frustrante 1-1. La decisión está en Holanda. El Madrid hace un buen partido en el campo de la Phillips de Eindhoven, pero no consigue marcar -a pesar de tener innumerables ocasiones- y el 0-0 final clasifica al PSV. La decepción blanca fue absoluta, pues existía el convencimiento de que el Real Madrid era entonces el mejor equipo de Europa, pero el título se lo llevan los holandeses.
De Beenhakker a Toshack.
La siguiente edición de la Copa de Europa tuvo un comienzo más suave. El Madrid añade a Schuster en sus filas, pero pierde a Santillana y Valdano. Las victorias iniciales ante el noruego Moss y el Gornik polaco sitúan a los blancos en cuartos de final ante el PSV, que cae eliminado en marzo de 1989. Otra vez en semifinales, ante el Milan de Sacchi, con Van Basten, Gullit, Rijkaard, Baresi, Maldini, Donadoni... Es el equipo de moda en Europa, prácticamente intocable. El Real Madrid salva los muebles en el Bernabéu, pero en la vuelta recibe un varapalo que guillotina a una Quinta del Buitre obsesionada con el cetro continental. El 5-0 de San Siro marca el principio del fin de una de las fases más ilusionantes de la historia del Real Madrid. Beenhakker, por supuesto, deja el equipo: no pasar de semifinales es un fracaso para la sociedad que dirige Ramón Mendoza. Le releva Toshack, que no consigue pasar de los octavos de final. El Real Madrid vuelve a tropezar frente al AC Milan del poderoso magnate Silvio Berlusconi.
De poco le sirvió a Toshack la exhuberante capacidad goleadora del Real Madrid en la Liga 89-90, el año de la llegada de Fernando Hierro. El fiasco europeo pesaba demasiado en un club obsesionado. Mediada la temporada siguiente, cuando empieza a fallar el equipo en la Liga, el entrenador galés es destituido. Le reemplaza un tándem formado por Di Stéfano y Camacho que no puede enderezar el rumbo del equipo, condenado a no clasificarse ni para la Copa de la UEFA. En la Copa de Europa, el Madrid cae ante el Spartak de Moscú. En el estadio crece la oposición a la gestión de Ramón Mendoza, que gana las elecciones por muy estrecho margen ante el escritor Alfonso Ussía. En busca de un revulsivo para el equipo, el Madrid prescinde del tándem de técnicos y contrata hasta final de temporada a Radomir Antic, con quien consigue asegurar un puesto para la Copa de la UEFA con la tercera plaza en la Liga. Antic renueva
LA QUINTA DEL BUITRE
Emerge la Quinta del Buitre.
Alfredo Di Stéfano comenzó su segundo y último año en el Real Madrid con negros augurios. Una derrota sangrante en la segunda jornada (Málaga, 6; R. Madrid, 2) crea tremendo malestar en la parroquia del Bernabéu. De Carlos mantiene al técnico contra viento y marea. Y el Real Madrid se reestablece en el campeonato, que pierde en la última jornada, empatado a puntos con el Athletic. Otro subcampeonato reñidísimo: durante 19 minutos del último partido, el Madrid era campeón.
El mayor mérito reconocido a Di Stéfano en su bienio de segundos puestos es el de haber promocionado a una generación de futbolistas con talento que procedía de la cantera: la Quinta del Buitre, según fue bautizada por el periodista Julio César Iglesias. A lo largo de la temporada 83-84 se van incorporando al primer equipo Pardeza, Butragueño, Sanchís y Martín Vázquez. Sólo Míchel aguarda en la recámara del Castilla, que aquel año, con la aportación de todos, se proclama campeón de Segunda División.
El madridismo pedía a gritos una renovación. Cuatro años sin título de Liga torturaban a la afición. Di Stéfano no renovó su contrato, pero dejó a la Quinta en el césped del Santiago Bernabéu.
Una generación extraordinaria.
La Quinta había logrado el título de Segunda División la temporada anterior y había creado una expectación inusitada con su paulatino salto al primer equipo. Emilio Butragueño, el más artista del grupo, encandilaba con cada una de sus acciones sobre el terreno de juego. Y, fuera del campo, congenió con las masas.
El histórico Santillana tuvo que ceder la titularidad ante el nuevo genio de Chamartín, que había debutado con modestia en el Real Madrid el 5 de febrero de 1984, a los 20 años, en un partido de Liga frente al Cádiz. Marcó dos goles fundamentales para la victoria y la recuperación del liderato por parte del Real Madrid. Hasta ese momento se le conocía por ser el máximo goleador de Segunda División, con el Castilla.
El estallido del fenómeno Butragueño es más admirable si se tiene en consideración que a los 18 no se había entrenado nunca, sólo era un jugador de colegio. Todavía más extraño e irrepetible resulta el refuerzo, en un solo año, de jóvenes jugadores de la cantera que en poco tiempo serán la envidia de todos los grandes clubes de Europa. El Madrid se renovó totalmente en la temporada 83-84. Causaron baja diez veteranos y se incorporaron definitivamente Butragueño, Sanchís, Martín Vázquez, Pardeza y Míchel -la Quinta-, más el portero Ochotorena y el argentino Jorge Valdano. El entrenador del Castilla campeón, Amancio, también tuvo su oportunidad de triunfar, pero fue destituido tras una derrota europea frente al Inter, cuando la Liga estaba perdida y la Copa de la UEFA era el gran objetivo para salvar la temporada.
"Cuando llegamos, había mucha desilusión en el Real Madrid y en la afición, ya que llevaban cuatro años sin ganar un título. Fue un fenómeno especial, ya que salimos muchos jugadores de la cantera al mismo tiempo y de la misma generación, lo que no ha sucedido nunca en la historia del fútbol", explicó Butragueño años después de aquellos primeros tiempos como futbolista del primer equipo del Real Madrid.
Las cinco Ligas consecutivas.
Tras la despedida de Amancio y con Molowny en el banquillo, se habla más de política institucional que de goles en los aledaños de Chamartín. En mayo de 1985, Ramón Mendoza Fontenla se proclama presidente del Real Madrid. El madridismo exigía cambios y títulos. En seguida, Mendoza saborea uno, que no le corresponde por gestión, pero que llega para celebrar su acceso a la presidencia.
La Copa de la UEFA, inédita en el historial del club, es conquistada brillantemente por el Madrid de Molowny y la Quinta. El título europeo llega tras la final a doble partido contra el Videoton húngaro, que se resuelve con un 0-3 en campo magiar y una victoria mínima de los visitantes en el Bernabéu. La alineación madridista en el último encuentro la formaron Miguel Angel; Chendo, Stielike, Sanchís, Camacho; San José, Míchel, Gallego; Butragueño, Santillana y Valdano.
Ramón Mendoza da un impulso extraordinario al equipo de la Quinta, con nuevos y rentables fichajes en su primera temporada completa como presidente. El Madrid recupera la soberanía en el fútbol español con un fútbol convincente.
El reinado en la Liga se extiende durante cinco campañas consecutivas en la que apenas hay rival inquietante para los blancos. El Real Madrid gana las Ligas 85-86 y 87-88 con once puntos de ventaja sobre el segundo; la 88-89, con cinco y la 89-90 con nueve y también con récord de goles: 107 en 38 partidos. Sólo la segunda de las cinco Ligas de una tacada la consiguió con algo de sufrimiento: cantó el alirón en la penúltima jornada y terminó con un punto de ventaja sobre el Barcelona.
En Europa, el Real Madrid revalida el título de la Copa de la UEFA 85-86 y en los años sucesivos el Madrid vuelve a la mejor competición continental: la Copa de Europa.
La Quinta de los Machos.
A la generación de ilustres jugadores de la cantera (sólo Pardeza prefiere marcharse cedido al Zaragoza debido a que Butragueño le cierra el paso en la delantera), Ramón Mendoza incorpora tres fichajes importantísimos antes de iniciarse la temporada 85-86: Hugo Sánchez, que había sido pichichi con el Atlético la temporada anterior, Rafael Gordillo y Antonio Maceda. Un delantero centro, un central y un lateral zurdo rapidísimo abrochaban con lujo al Real Madrid.
Era el equipo de ensueño. En las temporadas siguientes se les unió un portero de lujo, Francisco Buyo, que completó la Quinta de los Machos, llamada así por la oposición que suponía al talante aristócratico que habían ido adquiriendo los componentes de la Quinta del Buitre.
El mexicano Hugo Sánchez, con sus goles, se hizo un sitio entre los ilustres de la Liga española, en la que ha marcado un total de 234 goles -sólo superado por Zarra- y conseguido cinco trofeos Pichichi (uno con el Atlético y los demás con el Real). Su resolución en el área la alternaba con determinantes declaraciones y la autoafirmación de 'macho' que dio origen al bautizo de su Quinta. Sus remates eran espectaculares y desde todas las posiciones. Celebraba cada gol con una voltereta gimnástica que enardecía más a los seguidores blancos.
El Real Madrid, fantástico, conquistada la segunda copa de la UEFA consecutiva ante el Colonia en la final, fue decidido a la conquista de Europa. Su regreso a la Copa de Europa en la edición 86-87 tuvo noches memorables, aunque fue eliminado en semifinales por el Bayern Munich. En su camino anterior eliminó al Young Boys de Suiza, al Juventus (en los penalties, con un sensacional Buyo) y al Estrella Roja. Frente a los alemanes, en la ida en Munich, se produjo un incidente de Juanito, que pisó a Matthaus, fue expulsado y sancionado. Perdió el Madrid por 4-1 y la magia del Bernabéu no fue suficiente (2-0) para empujar al equipo hasta la final.
La desgracia del PSV.
Desde el presidente Mendoza hasta el último socio madridista, no hay nadie en el Real Madrid que no empiece a considerar imprescindible ganar la Copa de Europa, un trofeo ligado a la historia del club, pero que no se revalida desde hace veinte años.
El equipo parte en la temporada 87-88 con el objetivo, que casi empieza a parecer un trámite, de la Liga, y con la imperiosa necesidad de hacerse con la Copa de Europa. Llega al banquillo en el inicio de la temporada 86-87 Leo Beenhakker, mientras que la plantilla de jugadores sólo añade a Paco Llorente y Tendillo. La presión y la ansiedad por el título europeo empieza pronto a cavar la fosa del entrenador, que consigue tres títulos consecutivos con el Real Madrid.
Los datos, atemperados por el tiempo, demuestran que aquel Madrid realizó extraordinarias temporadas europeas. Sólo faltaron los títulos. Beenhakker se estrenó con una durísima primera eliminatoria ante el Nápoles campeonísimo de Maradona, al que batió por 2-0 en un Bernabéu vacío por sanción de la UEFA y empató a uno en la vuelta. No fue fácil tampoco eliminar al Oporto -vigente campeón de Europa- en la segunda ronda. El Real pudo jugar la ida con público, pero en Valencia. Ganó 2-1, un resultado muy peligroso. En el estadio portugués de Das Antas, sin embargo, en una gran noche de Paco Llorente, el Oporto cae eliminado: 2-0, ambos tantos de Míchel. El Madrid debe enfrentarse en cuartos de final al Bayern Munich -vigente subcampeón de Europa- y consigue una esperanzadora derrota (3-2) en el Olímpico. Valdano ya ha bautizado como "miedo escénico" el factor que fortifica a su equipo en el Bernabéu. En Madrid, el Bayern cae ampliamente derrotado 2-0.
El PSV Eindhoven, liderado por Koeman, es el enemigo en semifinales. A priori parece un rival más asequible que cualquiera de los tres anteriores. El Madrid lleva un año fantástico y confía en alcanzar la final, pero el primer partido, en el Bernabéu, acaba con un frustrante 1-1. La decisión está en Holanda. El Madrid hace un buen partido en el campo de la Phillips de Eindhoven, pero no consigue marcar -a pesar de tener innumerables ocasiones- y el 0-0 final clasifica al PSV. La decepción blanca fue absoluta, pues existía el convencimiento de que el Real Madrid era entonces el mejor equipo de Europa, pero el título se lo llevan los holandeses.
De Beenhakker a Toshack.
La siguiente edición de la Copa de Europa tuvo un comienzo más suave. El Madrid añade a Schuster en sus filas, pero pierde a Santillana y Valdano. Las victorias iniciales ante el noruego Moss y el Gornik polaco sitúan a los blancos en cuartos de final ante el PSV, que cae eliminado en marzo de 1989. Otra vez en semifinales, ante el Milan de Sacchi, con Van Basten, Gullit, Rijkaard, Baresi, Maldini, Donadoni... Es el equipo de moda en Europa, prácticamente intocable. El Real Madrid salva los muebles en el Bernabéu, pero en la vuelta recibe un varapalo que guillotina a una Quinta del Buitre obsesionada con el cetro continental. El 5-0 de San Siro marca el principio del fin de una de las fases más ilusionantes de la historia del Real Madrid. Beenhakker, por supuesto, deja el equipo: no pasar de semifinales es un fracaso para la sociedad que dirige Ramón Mendoza. Le releva Toshack, que no consigue pasar de los octavos de final. El Real Madrid vuelve a tropezar frente al AC Milan del poderoso magnate Silvio Berlusconi.
De poco le sirvió a Toshack la exhuberante capacidad goleadora del Real Madrid en la Liga 89-90, el año de la llegada de Fernando Hierro. El fiasco europeo pesaba demasiado en un club obsesionado. Mediada la temporada siguiente, cuando empieza a fallar el equipo en la Liga, el entrenador galés es destituido. Le reemplaza un tándem formado por Di Stéfano y Camacho que no puede enderezar el rumbo del equipo, condenado a no clasificarse ni para la Copa de la UEFA. En la Copa de Europa, el Madrid cae ante el Spartak de Moscú. En el estadio crece la oposición a la gestión de Ramón Mendoza, que gana las elecciones por muy estrecho margen ante el escritor Alfonso Ussía. En busca de un revulsivo para el equipo, el Madrid prescinde del tándem de técnicos y contrata hasta final de temporada a Radomir Antic, con quien consigue asegurar un puesto para la Copa de la UEFA con la tercera plaza en la Liga. Antic renueva