El problema de verdad es otro, y es bastante más incómodo de admitir, nos hemos acostumbrado a discutir cómo repartir un pastel pequeño en lugar de preguntarnos por qué el pastel no crece.
Tú puedes decidir que una ayuda la reciba un español en vez de un extranjero. Perfecto. ¿Y qué has solucionado? Nada.
No has creado empleo.
No has subido salarios acordes a la productividad.
No has mejorado esa productividad.
Lo único que has hecho es cambiar el orden de la cola.
Y eso es lo que nadie quiere decir en voz alta, el debate está mal planteado desde el principio. No va de quién cobra, va de por qué hay tanta gente que necesita cobrar.
Porque si tienes un país donde trabajar no te garantiza vivir bien, donde los jóvenes encadenan precariedad, donde la vivienda es inaccesible… entonces las ayudas no son el problema,
son el síntoma.
Podríamos hablar de la "cultura del esfuerzo" pero la cultura del esfuerzo no funciona en el vacío. Funciona cuando el esfuerzo compensa.
Y ese es el fallo económico de fondo:
baja productividad
sectores poco competitivos
poca inversión en valor añadido
Eso no se arregla recortando o priorizando ayudas. Se arregla con reformas que nadie quiere tocar porque son difíciles y no dan votos inmediatos.
Y mientras seguimos discutiendo quién se lleva qué…
nadie está construyendo nada nuevo.
Ese es el verdadero problema.