En aquellos tiempos, en los últimos coletazos antes del desmadre europeo tras la ley bosman, los equipos locales ofrecían un rendimiento mayúsuculo y podían llegar a dominar ante cualquier rival, sin importar la magnitud del mismo. Habían campos que eran prácticamente inexpugnables.
Actualmente la diferencia entre ser local y visitante ya no es tan enorme como antaño. Con decir que en aquel entonces el Real Madrid todavía no sabía lo que era ganar en Alemania... Y ahora, en cambio, es de lo más normal. Incluso contra el Bayern.
En esa edición de la Champions, además, recuerdo que llegó a semifinales el Panathinaikos. Impensable hoy en día. Y no solo eso, volviendo al tema de la fortaleza de los locales, también fue capaz de ganar en el partido de ida en Grecia al todopoderoso Ajax, que era el equipo a batir. Los griegos fueron el único equipo que logró ganarles en tiempo reglamentario (la Juve le ganó la final, pero en los penaltis).
Otro ejemplo de ello lo tenemos en el propio Real Madrid, que en aquella Champions tuvo a dos cenicientas en su grupo, siendo una de ellas el Ferencvaros (lejos de sus gloriosos años). En el Bernabéu les endosaron un 6-1, pero en Hungría no pasaron del empate, con gol de Raúl al final.