Argentina. El nombre se lo puso un portugués autista y de origen escocés. Habría mucha plata por ahí, supongo, en el siglo XVI. De ahí el nombre "Argentum". No plata en el sentido de pasta, money o billetes ("vos tenés plata") sino por el metal de los segundones. O sería porque se divisaban unas llanuras blanquecinas -¿La Pampa?-. Rubén Darío lanzó el bulo de que la princesa estaba triste porque alguien detuvo su carroza argentina. Ya estamos mezclando temas. Violencia, autismo, hormonas, vendas, culandrismo, alertas alimentarias, adoctrinamiento y me comenta un valenciano que cómo es posible que la UME haya llegado en pocas horas a Venezuela mientras que "aquí, cuando la DANA, se tomaron su tiempo". Hala, otro tema que no estaba en el orden del día. El caso es que Argentina tiene su origen en una fusión de culturas, pueblos, invasores y civilizaciones extraterrestres que han hecho del país un callo resiliente duro de pelar y de matar. No es como Francia, en donde se observa una regularidad y un tronco común de pura cepa francesa en los nombres y apellidos de su gente: Lafayette, Tchouaméni, Martínez, Eduardo, Philippe, Napoleón, García, Mbappé, Dembélé, Doué, Koundé, Koné, Kanté, Makélélé con 3 tildes, Hernández, Platini, Foie Gras, N'Golo. ¿Qué fue antes? ¿La Estatua de la Libertad o la Torre Eiffel?.