Bircenguetorix escribió: ↑Sab Mar 14, 2026 2:40 pm
Me sorprende la ingenuidad de algunos usuarios. Hablan de subvenciones como el mal absoluto cuando defienden a presidentes que reciben millones de euros de potencias extranjeras o en EE.UU las campañas presidenciales directamente se compran, y son pagadas por entes privados que manejan sus intereses. Pero aún más infantil es no comprender que el libre mercado no existe ni existió nunca. Las naciones más poderosas de la Tierra y las empresas más importantes son todas monopolísticas, barren por completo a la competencia. Si supieran simplemente como funcionaba la Compañía de las Indias, la guerra del opio, la intervención norteamericana en la compra de puertos marítimos...cambiarían de opinión. El libre mercado solo existe a la escala de los pequeños y débiles autónomos que son barridos por las grandes empresas y bancos que ponen las reglas.
Tópicos como los del cine, cuando desconocen que en Estados Unidos, todo está subvencionado, hasta la Coca Cola, y es más, por ejemplo hay aranceles del 100% para que no se distribuyan películas extranjeras.
Para los que venden lo del liberalismo, el mejor ejemplo sería como un casino o una partida de monopoly te dejan participar porque ellos ya tienen veinte hoteles y cien casas en el tablero, y así se quedarán con tu dinero, si se diese la remota opción que les ganases, entonces ya utilizarán los medios policiales, judiciales o coercitivos para impedir que los superes.
Solamente un niño, puede pensar que existe el verdadero libre comercio en el mundo. Luego no voy a entrar en todas las contradicciones que ellos mismos generan, que si hay que apoyar al campo o al pequeño comercio, y luego escriben que si el libre comercio. no saben ni lo que dicen. Es normal, critican a los que reciben subvenciones y votan a un partido que tiene un líder que no trabajó, literalmente en su vida, viviendo del dinero público de los demás desde los 18 años.
Es increíble como han dividido a los ciudadanos y al pueblo con etiquetas de derechas e izquierdas, mientras los que se hacen ricos se parten la caja de unos y de otros.
Hay foreros de izquierdas y de derechas. Algunos parecen convencidos de que poseen una inteligencia superior a la del resto, aunque curiosamente suelen situarse justo en el lado opuesto del sentido común. Quizá se pueda ser inteligente y, aun así, carecer de ese pequeño complemento llamado sentido común.
Sobre la Compañía de las Indias, las guerras del opio o las prácticas monopolísticas, como si eso invalidara cualquier idea de mercado o de libertad económica. Nadie niega que existan intereses, abusos o intervenciones estatales, de hecho, precisamente muchas de esas distorsiones provienen de la estrecha relación entre poder político y grandes corporaciones. Pero convertir esa realidad en la prueba de que todo es una conspiración permanente y que el mercado es solo un teatro montado para ingenuos tampoco parece un análisis especialmente profundo.
La comparación con el monopoly o el casino puede ser ingeniosa, pero simplifica bastante la realidad. En muchos sectores hay competencia real, innovación constante y empresas que aparecen y desaparecen. Si el tablero estuviera tan completamente cerrado como se sugiere, sería difícil explicar cómo nuevas empresas surgen y desplazan a otras más antiguas de forma habitual.
El argumento de que “en Estados Unidos todo está subvencionado” también conviene ponerlo en su contexto. Es cierto que existen subvenciones en determinados sectores, como la agricultura, la energía, la industria de semiconductores o incluso incentivos fiscales para rodajes cinematográficos. Pero de ahí a afirmar que “todo está subvencionado” hay un trecho bastante grande.
De hecho, muchos de quienes defienden mercados más abiertos utilizan precisamente esos ejemplos para criticar el intervencionismo del Estado cuando termina beneficiando a grandes sectores con fuerte influencia política. Programas como las ayudas agrícolas del Farm Bill, los incentivos a la industria de chips o determinados beneficios fiscales energéticos suelen señalarse como ejemplos de cómo el poder político puede distorsionar la competencia en favor de grandes actores.
Es decir, que existan subvenciones o políticas industriales no demuestra que el libre mercado sea un mito absoluto, más bien muestra que, cuando el Estado interviene para favorecer sectores concretos, se generan precisamente esas distorsiones que muchos critican. Confundir la existencia de esas intervenciones con la idea de que “todo está subvencionado” es, como mínimo, una simplificación bastante cómoda.
Lo curioso es que, mientras se critica el sistema occidental con gran entusiasmo, rara vez se explican con el mismo detalle las maravillas económicas de los modelos que supuestamente lo superan. Porque si el problema es que el libre mercado “no existe”, uno esperaría ver una defensa clara de aquellos lugares donde, según algunos, el sistema es más justo o más equilibrado. Sin embargo, suele ocurrir que esas defensas se quedan en la teoría, quizá porque llevarlas a la práctica implicaría vivir bajo el amable paraguas de potencias como Rusia, China o Irán… algo que, curiosamente, casi nadie parece tener demasiada prisa por experimentar.
Y así seguimos y en eso tienen razón, entre discursos grandilocuentes sobre monopolios globales y conspiraciones económicas, mientras la realidad cotidiana es bastante más prosaica, ciudadanos que discuten entre sí con etiquetas ideológicas cada vez más rígidas, mientras quienes realmente concentran poder económico y político observan el espectáculo con cierta tranquilidad.
Al final, tal vez el problema no sea tanto si el libre mercado existe en estado puro, probablemente no, sino la facilidad con la que algunos convierten cualquier imperfección del sistema en una excusa para negar por completo sus fundamentos, todo ello, por supuesto, desde la comodidad que ese mismo sistema les proporciona.